La ciencia ciudadana como estrategia para la gestión del clima y la sostenibilidad agrícola
- Andrés Rueda

- 10 de octubre de 2025
- 4 minutos de lectura
La Ciencia Ciudadana (CC) se consolida como un paradigma transformador que democratiza la producción de conocimiento mediante la integración de la ciudadanía en los procesos científicos. Según la Asociación Europea de Ciencia Ciudadana, este enfoque se guía por principios como la participación voluntaria, la transparencia metodológica, el reconocimiento de los participantes y la aplicabilidad social de los resultados.

De hecho, estudios como “Diseño participativo de experimentos de ciencia ciudadana”(Senabre, Ferran y Perelló, 2018) muestran que la ciencia ciudadana co-creada —donde los participantes están involucrados en todas las etapas del proceso de investigación, desde el diseño hasta la interpretación de los resultados— no solo aumenta la motivación y el compromiso de la comunidad, sino que también mejora la relevancia y la aplicabilidad social de los datos generados.
Además, la publicación “Ciencia ciudadana para todos. Una guía para profesionales de la ciencia ciudadana”(Pettibone et al., 2017) destaca que la ciencia ciudadana es una herramienta fundamental para expandir tanto el conocimiento científico como la alfabetización comunitaria. Esto se logra mediante un modelo estructurado que integra protocolos rigurosos, equipos multidisciplinarios y herramientas educativas personalizadas. Este enfoque, validado durante décadas en el Laboratorio de Ornitología de Cornell, subraya la importancia de diseñar proyectos que no solo generen datos confiables a gran escala, sino que también empoderen a los participantes mediante procesos colaborativos.

Monitoreo climático participativo
Un caso de estudio en Colombia es el Monitoreo Participativo del Clima (PCM)Proyecto implementado por Fundación Natura e ISAGEN en la zona de influencia de la Central Hidroeléctrica Sogamoso (Santander). Este proyecto, documentado en el libro Monitoreo Climático Participativo MCP – Una Estrategia Basada en el Enfoque de Ciencia Ciudadana (Rueda Q. et al., 2019) surgió de la preocupación de la comunidad local por los posibles impactos microclimáticos del embalse de Topocoro. El PCM involucró a más de 100 productores rurales en el registro sistemático de variables meteorológicas (precipitación, temperatura, humedad relativa) mediante instrumentos sencillos (pluviómetros, termohigrómetros) y protocolos adaptados localmente.
En este marco de ciencia ciudadana, la flexibilidad metodológica permitió adaptar los protocolos a las realidades locales; se generó un intercambio de conocimientos que integraba la experiencia técnica y empírica; y se mantuvieron herramientas educativas y una comunicación continua a través de radios comunitarias y grupos de WhatsApp. Estos elementos facilitaron el desarrollo de capacidades locales y la gestión basada en datos, permitiendo a los agricultores correlacionar las variables climáticas con los ciclos fenológicos y fitopatológicos de cultivos como el cacao, el café y el tabaco.

Mediante análisis de correlación de Pearson y Spearman, se demostró que los registros diarios de variables climáticas —como temperatura, precipitación y humedad relativa— recopilados por 91 monitores locales presentaron una correlación significativa (p < 0,05) con los datos de estaciones meteorológicas automatizadas, lo que valida la fiabilidad de la información generada por la ciudadanía. Además, el análisis espacial permitió identificar zonas microclimáticas previamente no documentadas, lo que permitió una caracterización detallada de los patrones locales y su relación con los ciclos fenológicos y fitopatológicos de cultivos como el cacao y el café. Estos resultados no solo respaldan la utilidad científica del PCM, sino que también demuestran su capacidad para generar datos espaciales y temporales de alta resolución, esenciales para la toma de decisiones agrícolas y la adaptación climática en zonas rurales.
Por lo tanto, el PCM no solo mejoró la resiliencia climática del territorio, sino que también fomentó el empoderamiento comunitario. Como informaron participantes como Luis Torres y Natanael Ramírez, los registros climáticos se convirtieron en herramientas para negociar préstamos, optimizar prácticas agrícolas y generar alertas sobre riesgos ambientales. Además, la inclusión de diversos actores (niños, mujeres, educadores) fomentó una gobernanza climática inclusiva, alineada con los principios de la Ciencia Ciudadana.
Sistema de Monitoreo y Aseguramiento Basado en la Comunidad
Esta experiencia sentó las bases para iniciativas como la Sistema de Monitoreo y Aseguramiento Basado en la Comunidad (CMAS), actualmente en implementación en Planadas (Tolima) en alianza con la Red de Agricultura Sostenible (RAS), Rainforest Alliance, Preferred by Nature y Fundación Natura. Financiado por el Fondo de Innovaciones de ISEAL, CMAS busca superar la "paradoja de difusión-impacto" de los estándares de sostenibilidad, donde los altos volúmenes de certificación no se traducen en beneficios tangibles para los pequeños productores debido a limitaciones de auditoría, costo y capacidad técnica.
CMAS amplía el enfoque de PCM integrando módulos de sostenibilidad (agroforestería, suelo, agua, derechos humanos) y una plataforma digital (iHub) para el procesamiento de datos. Monitores comunitarios, seleccionados por sus pares, recopilan información sobre la adopción de prácticas, validando las cadenas de suministro en tiempo real y reduciendo la asimetría informativa típica de las auditorías externas. Esto no solo fortalece la credibilidad de certificaciones como Rainforest Alliance y Nespresso AAA, sino que también empodera a las comunidades para participar en una gestión adaptativa basada en la evidencia.

La conexión entre el PCM en Santander y el CMAS en Tolima demostró el potencial de la Ciencia Ciudadana para generar datos espaciales y temporales de alta resolución, cruciales para comprender y optimizar las prácticas agrícolas; promover la participación inclusiva y la equidad en la gobernanza ambiental; construir puentes entre el conocimiento local y los estándares globales para mejorar la legitimidad de la certificación; y fomentar la sostenibilidad a largo plazo a través de procesos liderados por la comunidad con apoyo técnico institucional.
Por todas estas razones, la Ciencia Ciudadana emerge como un eje estratégico para abordar los desafíos del cambio climático y la agricultura sostenible. Las experiencias colombianas demuestran que cuando se combinan marcos conceptuales sólidos, apoyo técnico adaptativo y confianza en las capacidades locales, es posible construir sistemas de monitoreo que no solo generan datos confiables, sino que también transforman las realidades socioecológicas de los territorios.




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