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Sostenibilidad simplificada — El blog de la SAN

Ideas prácticas y pruebas para sanar los ecosistemas, fortalecer los ingresos de los agricultores y reducir las emisiones, un paisaje a la vez.

La diversidad y las asociaciones impulsarán la inteligencia colaborativa para lograr un impacto transformador

Guionista: José Joaquín Campos Arce
José Joaquín Campos Arce
14 de marzo de 2023
4 minutos de lectura
Esta es la razón por la que estamos comprometidos con ambos


Los productores se reunieron alrededor de una mesa trabajando con documentos
Taller de gestión agrícola con productores de la Península Costarricense de Osa.

Hace más de 20 años, comencé a especular que, cuando está bien diseñada, la inteligencia colectiva de múltiples individuos debe ser mayor que la suma de sus inteligencias individuales.


En ese momento, describí esto como la inteligencia de un grupo de personas guiadas por una visión y un propósito compartidos, ya sea que constituyan una organización o un territorio compartido. Pensé que esta inteligencia podría mejorarse, si se le dieran las condiciones adecuadas, mediante un diseño cuidadoso con ese propósito en mente. La diversidad de orígenes y perspectivas aportadas para colaborar en el avance hacia una visión común sólo puede fortalecer la inteligencia colectiva.


En aquel entonces, los temas relacionados con el liderazgo organizacional y los enfoques territoriales eran mis prioridades profesionales, ambas intrínsecamente dependientes de la acción colectiva de grupos de personas. Los escritos de la profesora Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía, fueron mi inspiración: desarrolló la teoría de la acción colectiva, que afirma que las comunidades locales son las mejores en la gestión de los recursos naturales comunes, dado que son ellas quienes dependen de ellos.


Sin embargo, pensé que la acción colectiva necesitaría desarrollar mecanismos de gobernanza colaborativos y eficaces para abordar intereses múltiples y, a veces, conflictivos.

En una organización anterior, convencí a un equipo interdisciplinario de colaboradores para que integraran esta teoría en un marco innovador de gestión del paisaje, con el objetivo de mejorar el impacto colectivo en contextos tan complejos. Llamamos a este modelo “cogestión adaptativa de cuencas hidrográficas” y recibimos una subvención de 7 millones de dólares del gobierno sueco, y luego evolucionamos hacia el concepto de “territorios climáticamente inteligentes”, que recibió una subvención de 20 millones de dólares del gobierno de Noruega.


Ambos donantes valoraron estos enfoques innovadores y apoyaron su puesta a prueba en Centroamérica entre 2003 y 2016.


Me enamoré del concepto de colaborar para el éxito del liderazgo o la gestión territorial, y en 2014 me encontré con el libro “Inteligencia colaborativa” por Dawna Markova y Angie McArthur, lo que me hizo darme cuenta de que otras personas habían estado desarrollando este tema. Tres años antes, en 2011, Stanford Social Innovation Review publicó su artículo “Impacto colectivo” lo que reforzó las mismas ideas de combinar conocimientos y capacidades individuales para aprovechar los beneficios de las sinergias que estos crean cuando se emplean de forma colaborativa.


Cuando me uní a la Red de Agricultura Sostenible en 2019, ya buscaba seguir posicionando este tema como un elemento estratégico en el que una organización pudiera confiar para abordar los problemas más urgentes que enfrenta la humanidad hoy: el cambio climático, la pobreza y la pérdida de biodiversidad. Estos desafíos requerían una organización estilo red con necesidad de colaboración global, lo que describe perfectamente el modelo y la filosofía SAN.


Asumiendo nuestro papel como orquestadores de impacto colectivo

Como organización, hemos adoptado la colaboración y la valoración de la diversidad como factores fundamentales para lograr el impacto transformador que exige la triple crisis que amenaza nuestra vida y supervivencia.


Las organizaciones miembros de SAN encarnan el aprecio por la diversidad que pretendemos fomentar día a día. La inclusión es parte de su ADN, trabajando diligentemente en cuestiones de género, con grupos de jóvenes, comunidades indígenas y mejorando los medios de vida de los desfavorecidos.

Nuestros miembros son el corazón y el alma de la Red, y crean una maravillosa mezcla de geografías, culturas y conocimientos que comparten una misión común: hacer que la agricultura sea regenerativa, que se ve amplificada por sus diferencias. Y de eso se tratan las redes de impacto: trabajar juntas a través de fronteras con un propósito compartido hacia un cambio sistémico.


En los últimos cuatro años, con el apoyo de entrenadores y consultores cuidadosamente seleccionados, hemos logrado avances considerables, incluida la colaboración y la apreciación de nuestros valores institucionales, estrategia y programas.


Nos hemos embarcado en el rediseño del equipo de colaboradores y en involucrar a nuevos colaboradores con el ajuste adecuado, de manera de fomentar la confianza y el respeto como piedra angular de la inteligencia colaborativa y la apreciación de la diversidad como fortaleza.


Hemos pasado de hacer de la colaboración y el aprecio parte de nuestra aspiración y narrativa diaria a predicar con el ejemplo viviéndolos en el trabajo diario.



Miembros de la comunidad de Gaitania, Colombia, con el Consorcio TerraViva, liderado por SAN.

En los últimos años hemos avanzado en la integración de enfoques complementarios, como la investigación apreciativa que se centra en los activos, Desarrollando las fortalezas de Clifton para cada colaborador, incluido el desarrollo de asociaciones basadas en esas fortalezas, el compromiso de transformar SAN en un red de impacto, definiendo nuestro papel de secretaría como orquestadores de consorcios en programas y proyectos, y sirviendo como organización columna vertebral que apoya a las comunidades rurales a desarrollar sus agendas territoriales comunes, su visión compartida.


Estos esfuerzos deliberados y alineados tienen como objetivo convertir a SAN en una red global de impacto colaborativo para transformar la agricultura y asegurar un futuro sostenible para los alimentos, la naturaleza y las comunidades rurales, que es nuestra visión rectora.


Haciendo crecer nuestra inteligencia colaborativa

Me entusiasma ver que estamos aumentando nuestro CQ, inteligencia colaborativa, y lo que estamos haciendo es evidencia de que el CQ de la organización puede y debe aumentarse en beneficio de un mejor clima organizacional, satisfacción del personal y alto desempeño e impacto. De esta manera, se puede crear un círculo virtuoso que mejore el CQ, creando al mismo tiempo las condiciones propicias para un crecimiento continuo del CQ.


Sin embargo, esto requiere intención, compromiso y diseño consciente adecuados, como se describió anteriormente.


Estoy convencido de que este es el principal impulsor de la eficacia de SAN como secretaría de una red mundial de organizaciones que creen en el impacto colectivo, y que el papel de la secretaría es ser un orquestador del impacto colectivo.


Estamos comprometidos a traer colaboradores apasionados, talentosos y conocedores, y a apoyarlos con un entorno propicio para la confianza, la creatividad y la innovación, de maneras que fomenten el CQ organizacional; lo mismo ocurre al involucrar a nuevas organizaciones miembros.


La inteligencia colaborativa es la próxima evolución de la inteligencia humana y organizacional, y en SAN estamos preparados para aprovechar al máximo esta realidad venidera por el bien de la naturaleza y la humanidad.

 
 
 

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