Biodiversidad: definición del activo tangible por excelencia
- Fundación Global Nature

- 17 de noviembre de 2025
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Biodiversidad para la Alimentación y la Agricultura (BFA), según lo define la FAO, Es la parte de la biodiversidad que sustenta la agricultura y la producción alimentaria, directa o indirectamente. Incluye las especies domesticadas utilizadas en los sistemas de producción (cultivos, ganadería, acuicultura), los recursos obtenidos de diversos ecosistemas (bosques, pesca) y un elemento clave conocido como "biodiversidad asociada", que se refiere a los diversos organismos que habitan, sustentan y mejoran los sistemas alimentarios y agrícolas.

Existe un amplio consenso científico en que todas las empresas dependen de la naturaleza y sus servicios, incluidos los sistemas alimentarios, que dependen en gran medida de la biodiversidad. Paradójicamente, estos sistemas también son importantes impulsores de la pérdida de biodiversidad. La agricultura, si bien es esencial para alimentar al mundo, contribuye a la deforestación, la contaminación, el cambio de uso del suelo y la extinción de especies, amenazando al 86 % de las especies en riesgo. Esto ilustra tanto la vulnerabilidad de la producción alimentaria como su potencial para impulsar un cambio positivo mediante prácticas sostenibles.

A pesar de estos desafíos, los sistemas agroalimentarios tienen un gran potencial para lograr transformaciones "positivas para la naturaleza": acciones que pueden revertir o reducir los impactos negativos sobre la biodiversidad. Estado de la biodiversidad mundial para la alimentación y la agricultura(2019) informa que el 80% de los países ya están implementando prácticas centradas en la biodiversidad.
La importancia de tener en cuenta la biodiversidad
El concepto de "visión de túnel del carbono" describe un enfoque corporativo limitado sobre el cambio climático, donde las empresas centran casi todos sus esfuerzos de sostenibilidad en la medición, la notificación y la reducción de las emisiones de carbono. Si bien este enfoque aborda un problema importante, a menudo descuida otras dimensiones ambientales igualmente cruciales, como la biodiversidad, el agua, la salud del suelo y los ecosistemas.
Esta visión estrecha suele manifestarse en estrategias corporativas en torno a la neutralidad de carbono o los objetivos de cero emisiones netas, con marcos de informes que priorizan las métricas de carbono por estar estandarizadas y ser ampliamente reconocidas por los inversores. Sin embargo, ignorar la biodiversidad conlleva graves riesgos. Las empresas se enfrentan a desafíos reputacionales a medida que los consumidores y las partes interesadas exigen cada vez más un compromiso ambiental más amplio. También se exponen a vulnerabilidades operativas, ya que muchas industrias dependen directamente de servicios ecosistémicos como la polinización, el agua limpia y los suelos fértiles.

Además, los marcos regulatorios emergentes, como el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza (TNFD), están empezando a exigir que las empresas den cuenta de los riesgos vinculados con la naturaleza, no solo del carbono.
Una alternativa más eficaz es adoptar un enfoque holístico de sostenibilidad, que integre la reducción de carbono con la conservación y restauración de la biodiversidad. Esta perspectiva reconoce que la verdadera sostenibilidad no puede lograrse centrándose únicamente en el clima, sino que requiere múltiples indicadores y estrategias que protejan tanto la atmósfera como los sistemas vivos que la sustentan.
Los desafíos de la evaluación de la biodiversidad
Evaluar el verdadero impacto de estos esfuerzos sigue siendo un desafío debido a la amplia variedad de escalas y contextos, así como a la falta de datos estandarizados y métodos de evaluación adecuados. Durante la última década, se ha prestado cada vez más atención al desarrollo de marcos para la rendición de cuentas en materia de biodiversidad, incluyendo iniciativas como el Marco Mundial para la Biodiversidad de Kunming-Montreal, la Coalición del Capital Natural, el Protocolo de Diversidad Biológica y el Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con la Naturaleza.
Estas iniciativas contribuyen y amplían uno de los aspectos fundamentales de la rendición de cuentas de la biodiversidad: el desarrollo de indicadores objetivos, basados en la ciencia y transparentes para evaluar las condiciones de los agroecosistemas, con un enfoque particular en la evaluación de las transformaciones positivas de los sistemas para la naturaleza.
Este enfoque supone que la biodiversidad y ciertos grupos de bioindicadores pueden servir como indicadores del estado de salud de los ecosistemas agrícolas y de los servicios ecosistémicos que proporcionan, en particular en los sistemas de producción intensiva.
Sin embargo, los programas de monitoreo de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura siguen siendo limitados, y la mayoría de los conjuntos de datos disponibles carecen de la resolución necesaria para evaluar el impacto de prácticas específicas a la escala adecuada. Numerosos índices estiman la funcionalidad de los ecosistemas o el estado de las especies a nivel global, pero no están diseñados para evaluar las prácticas de gestión adoptadas por los agricultores a nivel de parcela, ya sean incentivadas por políticas públicas o iniciativas del sector privado. Esta limitación a menudo conlleva altos riesgos de inversión y un uso ineficiente de los recursos públicos.
Cálculo de las ganancias de biodiversidad en paisajes agrarios
Para hacer frente a estos riesgos e incertidumbres, FGN ha desarrollado el Cálculo de las ganancias de biodiversidad en paisajes agrariosmetodología, con el objetivo de proporcionar un mecanismo robusto para medir el impacto de las prácticas agrícolas en la biodiversidad.
El objetivo principal de esta metodología es establecer un sistema verificable y comparable para proyectar y cuantificar las ganancias o pérdidas de biodiversidad en los ecosistemas agrarios, resultantes de prácticas específicas de gestión de la tierra alineadas con las necesidades de sostenibilidad corporativa.
Esta metodología cuantifica los cambios en la biodiversidad dentro de un área determinada mediante un conjunto preseleccionado de métricas de biodiversidad (grupos de biodiversidad). Las ganancias o pérdidas se miden como un cambio porcentual (%) y se expresan en Unidades de Biodiversidad (UB). Una Unidad de Biodiversidad por hectárea al año (UB·ha⁻¹·año⁻¹) representa un aumento o disminución del 1% en las métricas de biodiversidad agregadas incluidas en el conjunto seleccionado.

La metodología propuesta utiliza la Matriz de Biodiversidad creada por FGN para evaluar los cambios asociados a prácticas específicas de gestión del territorio dentro de un área definida. Estos cambios pueden estar directa o indirectamente relacionados con los servicios ecosistémicos, la estructura del ecosistema y otras perturbaciones ambientales.
La metodología admite dos aplicaciones principales, en función del marco temporal y los objetivos del usuario:
Proyectos a corto plazo (1–5 años):centrado en evaluar las ganancias de biodiversidad resultantes de intervenciones específicas.
Proyectos a largo plazo (más de 20 años):cuyo objetivo es consolidar y potencialmente monetizar las ganancias de biodiversidad vinculadas a prácticas de gestión sostenible de la tierra.
Biodiversidad: definición del activo tangible por excelencia
La naturaleza, la biodiversidad y la vida misma son los bienes tangibles por excelencia; el mero hecho de que las cosas estén vivas y de que seamos conscientes de ello es un milagro en sí mismo. Sin embargo, la ausencia de una contabilidad estandarizada de la biodiversidad ha dificultado durante mucho tiempo la comparabilidad, la comunicación y la elaboración de informes, restringiendo en última instancia el flujo de capital hacia la conservación de la biodiversidad.

Aquí es donde un enfoque normalizado lo cambia todo. Al transformar conjuntos de datos fragmentados y no agregados en un marco estandarizado con base científica, hacemos tangible lo que antes era intangible. Mediante un mecanismo bien definido, de código abierto y probado, la biodiversidad finalmente puede medirse, valorarse e integrarse en la toma de decisiones.
Con este cambio, la biodiversidad pasa a primer plano, no como un concepto abstracto, sino como el activo tangible por excelencia de los paisajes agrarios, una medida viva de prosperidad y resiliencia para el futuro.










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